Yo te emociono, tú te quedas.

En nuestro último post hablábamos de la necesidad de  emocionar a la hora de organizar un evento, de tocar la fibra del asistente y de hacerlo perdurable.

Es evidente que las emociones han llegado a la comunicación para quedarse; las emociones humanizan a la marca y bien gestionadas la hacen más cercana y el buen o mal uso de las mismas redundará en el éxito o fracaso del proceso comunicativo.

Hoy hablaremos de las emociones como herramienta de comunicación.

Suministro de emociones: estudio de las mismas y su aplicación a la publicidad. Hay que tener una historia que contar y saber cómo contarla, el famoso Storytelling. Hablamos de las emociones en un sentido muy aséptico. Algo en lo que vamos a apoyar nuestra estrategia comunicativa para hacer llegar el mensaje que queremos transmitir al receptor, y para que perdure en él asociado a esa emoción. Es necesario para que la comunicación  funcione.

Emociones cómo estrategia para establecer un canal de comunicación. El buen uso de las emociones pasa por la redacción de un buen mensaje. Confeccionar un buen mensaje pulsando en la tecla emocional adecuada, como si se tratara de elegir un color, genera en el receptor una serie de sensaciones y estas le impulsan a llevar a cabo una serie de acciones que le engancharán a la marca (fidelización) El mensaje ha de ser empático, asertivo y adaptarse al contexto y generar el famoso call to action.

Este suministro de emociones en pro de la fidelización choca frontalmente contra lo que en RG Comunicación denominamos TRÁFICO DE EMOCIONES, un uso burdo y poco elegante de las mismas que mueve a una acción inmediata que suele saldarse con un like, o un seguidor más. El efecto es inmediato pero no perdurable en el tiempo y se asocia más a marcas personales que a comerciales, además a la larga suele pasar factura al usar las emociones como un intento descarado de manipulación. Mientras que en el primer punto se suelen emplear las emociones positivas como la alegría, el amor  o la sorpresa que generan una respuesta más pausada y más duradera en el tiempo, el tráfico de emociones mueve a una acción inmediata generando likes o viralizando el mensaje tirando de miedo, cólera, tristeza o asco.

Seguiremos emocionando.

 

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