La asertividad como estrategia comunicativa

Podríamos definir la asertividad como “algo que jamás encontrarás en Twitter o en otras redes sociales”, pero realmente es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; la premisa fundamental de la asertividad radica en que toda persona posee derechos básicos o derechos asertivos.

Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad, siguiendo la definición aristotélica de virtud,  se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas extremas: la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros o pasen por alto nuestras ideas, y la agresividad que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás.

La asertividad es un comportamiento comunicacional necesario (y bastante infrecuente a raíz de lo que nos encontramos en redes sociales, o foros de discusión y debate) en el que la persona ni es agresiva verbalmente, ni impone su criterio, ni se somete a la voluntad de otros. Por contra, una persona asertiva comunica, opina y defiende sus derechos o sentimientos desde el respeto y la templanza, con equilibrio, sin intención de herir o perjudicar y desprovisto de ansiedad, rabia o culpa

Contar con un criterio propio dentro de la sociedad es indispensable para comunicarnos de una mejor manera y cuando alguien es ofensivo se autodescalifica, dice muy poco del control que tiene de sí mismo y deje en evidencia la ausencia de argumentación a la hora de exponer sus ideas.

Afortunadamente,  la asertividad es un comportamiento que se puede aprender y mejorar, así que aprendamos y seamos asertivos. Comunicaremos mejor.

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Escuchar para comunicar mejor

Saber escuchar marca la diferencia y es una habilidad comunicativa importantísma para que la comunicación sea efectiva; aunque parezca contradictorio para establecer una buena comunicación hay que saber guardar silencio, cerrar la boca y abrir los oídos: de la escucha activa parte la mejor comunicación.

Callar, observar y escuchar nos ayudará a marcar la diferencia. No estar pendiente de nuestro discurso y dar prioridad al de nuestro interlocutor es esencial para mantener la esencia de la comunicación.

Escuchar a los demás es saber que tienen cosas importantes que decir, que sólo así podremos aprender, así es como nacen las mejores ideas.

No juzgar, no emitir opiniones o dar soluciones apresuradas, no interrumpir, ser empático y asertivo, emitir expresiones de refuerzo o resumir las exposición de nuestro interlocutor una vez que este hay terminado, son aspectos muy importantes de la escucha activa.

Recuerda, escuchar también es comunicar.

Nos vemos en 2018.